¿Por qué los docentes deberían escribir?

Quiero partir esta columna de opinión, con dos docentes imaginarios, que he creado para efectos práticos: Rosita y Miguel, ambos colegas, quienes, por su experiencia, parecen apalancar el cambio transformacional en la educación de pleno siglo XXI.

La primera colega, Rosita, enseña en primero y segundo  de enseñanza básica, en un colegio de alto rendimiento, ubicado en un sector vulnerable, en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins, Chile. Ciertamente, habrán muchas interesantes experiencias de aprendizaje-enseñanza, en el  aula de Rosita, que, tal vez, sólo sus colegas del colegio conocen. A lo mejor, nuestra colega no ha correlacionado sus estrategias docentes con el movimiento de las escuelas efectivas. Como sea, la comunidad académica global no conoce su trabajo, ya que Rosita, lamentablemente, no participa  como expositora en congresos nacionales ni internacionales, ni tampoco publica.

El otro colega, Miguel, es un profesor muy dinámico, que enseña inglés como lengua extranjera (L2), en una universidad privada. Lo interesante es que él ha estado innovando con elementos multimodales, a lo mejor, si haberse percatado que detrás hay un enfoque teórico interesante. Tal vez, ni siquiera haya conocido al recordado Gunther (Gunther Kress) de la Universidad de London, principal impulsor del aprendizaje multimodal, quien nos dejó en 2019, debido a la pandemia por COVID-19. Al igual que Rosita, Miguel tampoco presenta sus experiencias en congresos ad hoc. Además,  nunca se ha animado a aceptar mis  invitaciones para liderar Webinars internacionales sobre aprendizaje de inglés como lengua extranjera (L2), mediado por tecnología.

Y, no me cabe la menor duda que muchos de mis lectores también tendrán interesantes experiencias transformadoras, que merecen ser compartidas con la comunidad académica global. En definitiva, se trata de dar el siguiente paso: Visibilizarse. En este contexto, el mensaje que trato de transmitir es que sistematizar nuestras experiencias docentes y luego escribir sobre ellas para compartirlas, proporciona una manera de aclarar el revoltijo diario de triunfos, tropiezos y alegrías que la docencia nos ofrece a diario. Una vez que escribimos sobre nuestras intensas experiencias, ideas y preguntas que enmarcan nuestra vida profesional, podemos desenredarlas y darle algún sentido científico a ese mundo de la educación, que muchos habitamos, con pasión.

Sinceramente, creo que no podemos ser buenos educadores, sino no investigamos, compartimos  y, subsecuentemente, publicamos. Cuando nos sentamos a escribir, a menudo encontramos un pequeño momento de nuestro día (un pensamiento parcial, una pregunta fugaz, un comentario divertido de uno de nuestros estudiantes, una estrategia efectiva, etc.), que aparece con flasback en nuestra mente. De hecho, muchas propuesta de investigación-acción surgen precisamente de esos flashbacks.

Ahora bien, escribir de manera académica dependerá del medio y la audiencia. Claramente, publicar en un blog, escribir una columna de opinión y enviar un manuscrito a una revista científica exige esfuerzos intelectuales muy distintos. Como sea, en nuestra profesión docente no necesitamos personas que piensen que lo tienen todo resuelto. Por el contrario, necesitamos personas siempre dispuestas a aprender, re-aprender y desaprender.

Así, en el curso “Redacción de artículos científicos”, que lideraré pronto, compartiré mi experiencia como investigador y algunas estrategias, que te permitirán generar un artículo académico, con la debida rigurosidad científica. Además, tendrás la oportunidad de ver tu trabajo publicado en la Revista Electrónica Transformar, ISSN 2735-6302 y así llegar a una audiencia global.

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Por Fernando Vera, PhD – Académico-emprendedor, Coach ontológico. Fundador y CEO de Grupo Transformar (Centro Transformar, REDIIE, Revista Electrónica Transformar, Kimkëlen E-School). Consultor Internacional (CHILE). Doctorando, con mención internacional, en Universidad del País Vasco (UPV-EHU), España, Sitio web
Imagen: Pixabay.

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